Día Mundial de los Animales

Foto: Gregory Colbert. Ashes and Snow Project.

Los animales han acompañado al ser humano desde los principios de la historia. En el Paraíso fueron nuestra compañía y nuestro alimento (y sí, también nuestra perdición). Para Darwin todos somos el resultado de la evolución a partir de un antepasado común. Hoy en día, y desde hace siglos, tener una mascota no solo es lo más normal del mundo sino que es el sueño de todo niño. Las historias y películas infantiles (aunque los adultos también las vemos) más memorables tienen de protagonistas a Baloo, Dumbo, Flounder, a Winnie The Pooh y hasta al burro de Shrek.

Foto: Gregory Colbert. Ashes and Snow Project.

La literatura y la religión están llenas de referencias a los animales, que incluso se han usado para representar aspectos del hombre: el león es el poderoso, la culebra es engañosa, la loba representa a la madre y el perro al compañero fiel. Hay hombres y mujeres que han dedicado sus vidas al estudio y cuidado de los animales, como Gerald Durrell, Jacques-Yves Cousteau, Steve Irwin y el propio Darwin.

Foto: Gregory Colbert. Ashes and Snow Project.

San Francisco de Asís fue uno de estos amantes de los animales. Fue declarado su Patrono en 1980, pero las leyendas en torno a su especial relación con los animales vienen sonando desde el siglo XIII. El llamado “milagro de la ovejita” -cuando San Francisco logró que una oveja se arrodillase durante la bendición de la Hostia- es una de las muchas referencias a su capacidad de comunicarse con los animales. Pero la más impactante es la historia del lobo de Gubbio: este pequeño pueblo italiano se veía amenazado por los ataques constantes, a animales y personas, de un lobo de los bosques cercanos. Como en los cuentos de caballeros y dragones, San Francisco decide enfrentar al lobo y salvar al pueblo. Tranquilamente sale a esperar al animal al borde del bosque, donde lo ve venir directamente hacia él. Hablándole, el Santo logra que el lobo se calme y, además, hacen un pacto según el cual éste dejará de atacar a la gente del pueblo si ellos se comprometen a darle de comer. En palabras de Rubén Darío, el pacto se selló así:

“Ante el Señor, que todo ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata.”
El lobo tendió la pata al hermano de Asís,
que a su vez le alargó la mano.

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